Claudia abrió los ojos y se dio cuenta que estaba en el borde de la azotea del edificio más alto del centro, a centímetros de caer a su muerte segura. No tenía idea de cómo había llegado hasta allí. Sabía que debía alejarse de tan peligrosa posición, pero algo la detenía. Los autos que veía pasar decenas de metros debajo de sus pies le causaban un efecto hipnótico; era una vista más poderosa que su instinto de supervivencia.
Pasó un minuto y seguía estática, con la mirada fija en la distante avenida. Empezó a surgir en su mente la idea de saltar. "¿Por qué no?" se preguntó. Lo empezó a pensar, pero pronto desistió: estaba cansada de pensar. Era hora de decidir. Y la decisión no se hizo esperar; se lanzó con todas sus fuerzas hacia adelante, y empezó a disfrutar como la gravedad la llevaba suavemente hacia su destrucción.
Cuando estaba a pocos metros del suelo, despertó.
Había sido un sueño, el más vívido que podía recordar.
Abrió los ojos, y se dio cuenta que, en la realidad, estaba en el borde de la azotea del edificio más alto del centro, a milímetros de caer a su muerte segura.
Miró hacia abajo, y vio los mismos autos que en su sueño. Sintió el mismo efecto hipnótico que había sentido momentos atrás, y empezó a tener los mismos pensamientos sobre saltar. "¿Por qué no?" se preguntó."Quizás valga la pena pensarlo" se dijo, y lo pensó.
Luego de varios minutos, Claudia dejó finalmente de mirar hacia abajo.
Se alejó con cuidado del borde, y caminó tranquilamente hacia la escalera, con una sonrisa en su rostro.