Una vez mi hermano Eduardo organizó una búsqueda del tesoro en nuestra casa de La Tuna, en la que participó toda la familia.
Hizo unos pergaminos con estética de mapas de piratas antiguos - les quemó los bordes para que parecieran viejos de verdad.
Los escondimos en distintos lugares del terreno de la casa. Cada uno tenía una pista para encontrar el siguiente, y el último sugería dónde estaba el tesoro. El tesoro era un cofre de cartón hecho por mi padre -que iba muy bien con la estética-, lleno de golosinas.
El primer pergamino tenía un mapa del fondo de la casa, con representaciones icónicas de los elementos más conocidos (como la enorme palmera que hay en el fondo), y con letras antiguas. Como mi padre siempre dormía la siesta en una hamaca paraguaya, en el mapa aparecía la hamaca con "alguien" en ella y el cartel "SER MISTERIOSO". Otro hacía alusión al tablero de básquetbol: "Aunque no tengáis puntería, tirad fuerte que caerá lo que queríais"; y otro a un pedazo de tronco que usábamos para cortar la leña: “Moved el Tronco Trunco”.
Por suerte todavía conservamos el cofre y los pergaminos.
Recuerdo con cariño:
- Ser creadores del misterio y guías en su resolución.
- El aire legendario mezclado con el aire familiar.
- El humor.
- Los mapas (había dos, uno del fondo y otro del frente).
- El trabajo puesto en crear una estética consistente.
- La participación en la creación del juego (mi padre con el cofre, yo escribí algunos pergaminos). El trabajo en equipo.
- La experiencia única que generó para la familia.
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